Los pasajes comerciales

Actualmente siguen existiendo escondidos entre las tiendas, bares y portales de nuestras ciudades. Pasamos por delante o, incluso, pasamos por ellos sin darles importancia y sin pararnos a pensar en su origen. En una época fueron lugares abarrotados y lujosos, ahora sobreviven gracias a pequeñas tiendas.

La arquitectura de hierro (fomentada por los ingenieros) dio la ventaja de crear luces internas enormes donde se producían espacios ideales para crear los pasajes comerciales. Éstos estaban  dirigidos a un público burgués, se podría decir que fueron la primera invención del lujo de la época industrial. Es la primera vez que se crea un conjunto de tiendas, las más elegantes del momento. Los pasajes empezaron a iluminarse de forma artificial con luces de gas antes que las calles (lo que creaba un gran contraste con las calles en penumbra) y ellos fueron los creadores de los anuncios promocionales.

Para promocionar sus ventas se crearon los escaparates, que pasaron a ser un punto importante de competencia entre tiendas y, a su vez, se produjo la aparición del empleado masculino cuyo puesto llegó a ser un trabajo codiciado y que jugaba con hacia la mujer que era la clienta potencial.

La historia de los pasajes comienza en París a fines del siglo XVIII. La capital francesa era una ciudad de lujos y atracciones, pero sus callejuelas polvorientas o embarradas no tenían caminos, cloacas ni pavimento. Por ellas circulaba un gentío desordenado y era imposible desplazarse tranquilamente.

Los primeros pasajes tenían como finalidad la venta y se convertirían en escenario y escaparate de la vida social y cultural de la época. Así mismo, con los años se convirtieron en un lugar excelente para la prostitución, por lo que allí podían encontrarse desde ciudadanos burgueses, escritores como Verlaine, artistas, hasta las prostitutas ligeramente vestidas.

En el siglo XIX los pasajes comerciales crearon en toda Europa una arquitectura original y unas formas de intercambio comercial que imprimieron carácter a la vida urbana e introdujeron nuevos modelos de relación social y comercial. Al terminar la centuria fue rara la ciudad europea de cierta importancia que no tuviera una galería comercial.

El modelo comercial de los pasajes empezó a marchitarse hacia 1900, aunque todavía se construyen algunos durante el siglo XX, la fórmula ya no funcionaba. La expasión de las ciudades terminó matando el espíritu de éstos, convirtiéndose en huellas de una distinción ya desaparecida.

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