Emilio Ruiz del Río, el mago del cine

Emilio Ruiz del Río fue el gran maestro español de los efectos visuales de películas de los últimos 60 años. Con más de 500 películas sobre sus espaldas, estaba considerado el mejor del mundo en su especialidad. Durante el siglo XX el cine fue ilusión y fantasía para las masas populares. Los cines que convertían en búnkeres que no dejaban pasar la luz y que “protegían” de la presión de una sociedad desigual forjada a golpe de guerras y una fuerte industrialización. Del cine se esperaban sueños, maravillas, realidades paralelas. Emilio Ruiz del Río fue un polifacético: pintor, decorador, maquetista, truquista del cine. Conocido como “wizard” en Hollywood, participó en películas famosas como Espartaco (Stanley Kubruck, 1960), Rey de reyes (Nicholas Ray. 1961), Cleopatra (Joseph L. Mankiewicz, 1963), Doctor Zhivago (David Lean, 1965) o El Laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006) durante 64 años ininterrumpidos dedicados a la magia del cine.

Sus inicios fueron en el año 42 en los estudios Chamartín de Madrid, donde trabajó de pintor de forillos (las telas que cuelgan tras las ventanas para ubicar y dar profundidad a la escena).  Pero ya de niño apuntaba maneras, de niño descubrió su vocación en un espectáculo de marionetas y de joven creó mucho de los carteles que publicitaban películas en los cines de la Gran Vía madrileña.

Trabajó en Italia en los sesenta y  dos décadas después cruzó el charco para trabajar en superproducciones norteamericanas junto a Dino de Laurentiis. Ganó tres premios Goya de sus diez nominaciones de las cuales siete de ellas fueron logradas años consecutivos. Tanto el cine español como, en sus últimos 35 años de carrera, Hollywood estuvieron rendidos a sus pies.

Muchos de los secretos y trucos de Emilio Ruiz eran invenciones propias. Solía usar una fina chapa de aluminio para pintar sobre ella en lugar de sobre el tradicional cristal ya que, como él mismo puntualizaba en el documental: “¡no sabes cuántos cristales me rompieron!”. Creaba auténticos juegos de perspectivas que se volvían reales tras los objetivos de las cámaras.

Película tras película, el maestro se posicionaba donde debía colocarse la cámara y estudiaba la luz, las formas del entorno que le rodeaban, consiguiendo tener en mente el plano que iba a filmarse semanas antes de que se hiciese.  Toda una leyenda para los iniciados en el arte de los efectos visuales, Ruiz del Río no tuvo un discípulo, pero dejó constancia de sus trucos en sus trabajos y en el documental llamado “El último truco. Emilio Ruiz del Río” dirigido por Sigfrid Monleón y producido por Andrés Santana. Con este documental Emilio Ruiz hizo que sus trucos y secretos no muriesen con él y, aunque es como desvelar el truco de un mago, muestra que sí que hay magia real en el cine, pero una magia real, donde el trabajo de un artista puede crear todo lo que le pase por su cabeza.

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